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martes, 8 de mayo de 2012

Un diálogo sobre el poder (y los dispositivos) con Eugen Ehrlich


Querido Eugen.

Ante todo agradecer la cascada de comentarios que has realizado al post anterior.

Efectivamente y sin ninguna duda, diré de una vez que una de las características fundamentales del poder contemporáneo es su pluralidad efectiva. Existe de hecho una multiplicación de las instancias poder que ha emergido durante el siglo XX y que, sobre todo a partir de la II Guerra Mundial y el perfeccionamiento de “la logística del complejo militar-industrial y sus medios de comunicación de la destrucción” (Virilio), se ha ido constituyendo como signo de las transformaciones radicales acaecidas desde entonces. Como no ha dejado de mostrar Paul Virilio desde los años setenta, lo que históricamente había capitalizado cada vez con mayor eficacia el aparato de Estado (incluso y sobre todo la capitalización de la violencia militar), a partir de la “división de poderes” del iluminismo ilustrado y a través de “la captura de la velocidad y la revolución de los transportes, así como la aceleración continua de los medios de comunicación y de información” no ha dejado de configurar una eficacia de la “acción a distancia” que fragmenta, dispersa y multiplica el ejercicio del poder. En un entramado de múltiples vectores, este proceso culmina en la pérdida patente de poder de los Estados contemporáneos a finales del siglo XX.

Dicho esto, no quería dejar de matizar que en ningún momento he pretendido plantear "la existencia de un único poder". Probablemente me he explicado mal, pero mi pretensión era conceptualizar, siguiendo a Foucault, el funcionamiento del poder como una práctica y no como una propiedad, como el despliegue inmanente de dispositivos concretos y no como una sustancia trascendente a dichos dispositivos. A partir de ahí, al observar que una de las funciones más relevantes del ejercicio del poder es “la unificación, la estandarización y la totalización de las relaciones de fuerzas”, constato que precisamente su concepto operativo sigue remitiendo en la actualidad a una unidad trascendente, de sustancia teológica (llámese el Capital, el Sistema, la Civilización, la Democracia, la Revolución, el Progreso, la Justicia Infinita, etc) y que es precisamente la operación de trascendencia, la extracción de una esfera separada de las prácticas sociales que vendría a instituir la diversidad de poderes y darles un sentido último, lo que constituye la "esencia" conceptual del poder (occidental).

jueves, 3 de mayo de 2012

La multiplicidad de los poderes. Por Eugen Ehrlich.



Querido Miguel Ángel:
            Cuando te refieres al poder lo haces en singular. Sin embargo, en correspondencia con el hecho de que nos encontramos en un momento histórico de tránsito entre una época que acaba (la de la Revolución Industrial) y otra que emerge (la que de manera -seguramente provisional- se viene denominando post-industrial), se está produciendo también un recambio en las instancias del poder, lo que recomienda utilizar el término poder en plural: “poderes”, para no perder de vista la complejidad de la situación, y la diversidad de dispositivos que se están formulando.
             Un ejemplo de la pluralidad de poderes, en este momento de tránsito histórico, nos lo da la disputa sobre los derechos de autor en la distribución y uso de material videográfico y musical en internet. Sabemos de los esfuerzos de la vieja industria del espectáculo (Hollywood, la industria discográfica, etc.) por mantener sus ingresos, en el escenario actual en el que los consumidores prefieren bajar música y cine de la red, sin pagar por un CD o un DVD en una tienda. Lo que no se sabía hasta hace poco tiempo es de la oposición de dos grandes corporaciones como Microsoft y Movistar (por dar dos nombres), respecto de las medidas del Congreso de EEUU para perseguir y castigar esas prácticas de los usuarios. El motivo es que con la persecución de esas prácticas los usuarios, como no pueden bajar música y cine de la red, cambian sus contratos con la compañía telefónica y reducen el número de megas por segundo de disponibilidad en la red y pagan menos. El fenómeno termina afectando a todas las empresas oferentes de servicios y aplicaciones para la red. Los efectos ya se han podido ver en Francia, en donde la presión del Gobierno de Barack Obama, actuando de representante de la industria del espectáculo californiana (que contribuye generosamente a sus campañas electorales), ejercida sobre el Ministro correspondiente (el equivalente a nuestra Linde), adoptó medidas de persecución y castigo de las bajadas gratuitas en internet de productos audiovisuales y ya hay expertos que apuntan a que Francia puede sufrir un retardo en su desarrollo tecnológico, a consecuencia de los efectos en el funcionamiento de la red de esas prácticas gubernamentales.
                Las corporaciones enfrentadas ya tienen nombres, y darse cuenta de la existencia de esa pluralidad de poderes en pugna tiene una gran relevancia en relación con la identificación de dispositivos. En particular, por lo que se refiere a la identificación de los dispositivos que está definiendo el nuevo poder o poderes emergentes (ese entrecruzamiento de líneas de visibilidad, enunciación y fuerza).
                 Lo que emerge por todas partes son grupos sociales que quieren protagonizar la Historia, objetivo para el que se sienten especialmente legitimados porque estarían planteando una nueva forma de organizar los medios de producción, tanto humanos como materiales, organizativos, de conocimiento y de fuentes de financiación, que consideran mejor desde el nuevo orden de valores que están enunciando en el contexto de los nuevos dispositivos.
               El anuncio de televisión en el que los clientes de una compañía telefónica deciden en asamblea los servicios y las tarifas que la compañía les tiene que proporcionar, sería un buen ejemplo de ese enunciado de valores que forma parte del nuevo dispositivo de saber-poder (incluso se podría decir que constituye la episteme de la nueva época: el paradigma de la participación). En ese contexto la cuestión no es tanto si las subjetividades que se están conformando, y homogeneizando simultáneamente, están más o menos estandarizadas, sino antes al contrario, si queda espacio para la estandarización de una subjetividad para la resistencia, como en la época de la Sociedad Industrial emergió la identidad del “trabajador”. Porque el ecosistema humano necesita de esas dualidades, o mejor multilateralidad (en correspondencia con la nueva estructura social que se vislumbra). La teoría queer camina en esa dirección.

 Eugen