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lunes, 10 de diciembre de 2012

¿Qué es el CINE ABIERTO? Una reflexión previa sobre los dispositivos fílmicos.


Hemos asistido, a partir de la generalización de la imagen digital, a la pérdida de centralidad del cine en el universo múltiple de la imagen compleja. La nueva época de la mutación digital hace que el cine y sus imágenes cambien de uso y de sentido y estén inmersas en una red social de dispositivos tecnológicos donde el elemento esencial ya no es tanto la contemplación sino la participación. Sin embargo, la inercia industrial del cine, tal como se ha conocido en el siglo XX, lo convierte todavía en un sector privativo y minoritario en el nivel productivo, como si sólo una pequeña cofradía de expertos tuviera acceso a su realización en un “mundo” paralelo de glamour y grandes presupuestos económicos y simbólicos (ese mito del “mundo del cine”) totalmente desconectado de lo social y de las dinámicas audiovisuales de la gente común.

Mientras el cine dominante sigue instrumentalizando la experiencia fílmica como el reducido ámbito de nuestra condición de espectadores pasivos, el hecho social del cine ya no está constituido de manera privilegiada por la reunión en una “sala” de proyección donde asistir a un culto colectivo. Los modos de acceso a ese hecho cultural se están transformando radicalmente, y la participación social tiende a hacer de ese consumo de cine una cuestión personal en espacio-tiempos cada vez más diversos. Del mismo modo, la participación en el nivel creativo de lo cinematográfico está empezando a emerger de diversas formas. La creación fílmica ya no es un universo cerrado necesitado de grandes capitales para su producción, sino que depende en último término de una verdadera capacidad de innovación en la fabricación de un mundo sensible que construye su propia forma de inteligibilidad, pues no otra cosa es un film o un artefacto audiovisual. 

martes, 8 de mayo de 2012

Un diálogo sobre el poder (y los dispositivos) con Eugen Ehrlich


Querido Eugen.

Ante todo agradecer la cascada de comentarios que has realizado al post anterior.

Efectivamente y sin ninguna duda, diré de una vez que una de las características fundamentales del poder contemporáneo es su pluralidad efectiva. Existe de hecho una multiplicación de las instancias poder que ha emergido durante el siglo XX y que, sobre todo a partir de la II Guerra Mundial y el perfeccionamiento de “la logística del complejo militar-industrial y sus medios de comunicación de la destrucción” (Virilio), se ha ido constituyendo como signo de las transformaciones radicales acaecidas desde entonces. Como no ha dejado de mostrar Paul Virilio desde los años setenta, lo que históricamente había capitalizado cada vez con mayor eficacia el aparato de Estado (incluso y sobre todo la capitalización de la violencia militar), a partir de la “división de poderes” del iluminismo ilustrado y a través de “la captura de la velocidad y la revolución de los transportes, así como la aceleración continua de los medios de comunicación y de información” no ha dejado de configurar una eficacia de la “acción a distancia” que fragmenta, dispersa y multiplica el ejercicio del poder. En un entramado de múltiples vectores, este proceso culmina en la pérdida patente de poder de los Estados contemporáneos a finales del siglo XX.

Dicho esto, no quería dejar de matizar que en ningún momento he pretendido plantear "la existencia de un único poder". Probablemente me he explicado mal, pero mi pretensión era conceptualizar, siguiendo a Foucault, el funcionamiento del poder como una práctica y no como una propiedad, como el despliegue inmanente de dispositivos concretos y no como una sustancia trascendente a dichos dispositivos. A partir de ahí, al observar que una de las funciones más relevantes del ejercicio del poder es “la unificación, la estandarización y la totalización de las relaciones de fuerzas”, constato que precisamente su concepto operativo sigue remitiendo en la actualidad a una unidad trascendente, de sustancia teológica (llámese el Capital, el Sistema, la Civilización, la Democracia, la Revolución, el Progreso, la Justicia Infinita, etc) y que es precisamente la operación de trascendencia, la extracción de una esfera separada de las prácticas sociales que vendría a instituir la diversidad de poderes y darles un sentido último, lo que constituye la "esencia" conceptual del poder (occidental).