William S. Burroughs & the Flicker Machine
Querido Eugen.
Es posible considerar lo que tú
llamas el tránsito histórico de una época que acaba (la de la Revolución industrial) a otra
que emerge (esa sociedad provisionalmente denominada “post-industrial”) como el
desplazamiento de lo que Foucault llamaba “sociedades disciplinarias” a lo que
Deleuze diagnosticó como “sociedades de control”.
Las sociedades analizadas por
Foucault, que basaban el ejercicio del poder en el despliegue de las “disciplinas” (técnicas de encierro y técnicas
intelectuales de gestión del “discurso”), tenían en el modelado del espacio su
lugar estratégico privilegiado (fábrica, cuartel, escuela, hospital, etc) y acabaron
derivando en el perfeccionamiento de una tecnología biopolítica de las poblaciones (salud pública, políticas de
asistencia, estado del bienestar) como gestión integral de la vida corporal de
la ciudadanía en el espacio abierto del “cuerpo social” en su conjunto.
Es a partir de la mundialización de la televisión y sobre todo de la revolución informática y digital, con la llamada “globalización”, que el estatus del poder en estas sociedades cambia radicalmente, y que entramos en una mutación progresiva de las técnicas de poder que William S. Burroughs fue el primero en intuir como el ingreso en “sociedades de control” (La revolución electrónica). Sin dejar de perfeccionarse las disciplinas y las técnicas de encierro, cuyos espacios no dejan de crecer, y de llevarse al paroxismo la lógica biopolítica, lo que se produce ante todo en esa transición tecnológica es una “deslocalización” generalizada del espacio en beneficio de la emergencia política decisiva del tiempo, de la velocidad, de la inmediatez, de la interactividad, de la gestión del llamado tiempo real.
Es a partir de la mundialización de la televisión y sobre todo de la revolución informática y digital, con la llamada “globalización”, que el estatus del poder en estas sociedades cambia radicalmente, y que entramos en una mutación progresiva de las técnicas de poder que William S. Burroughs fue el primero en intuir como el ingreso en “sociedades de control” (La revolución electrónica). Sin dejar de perfeccionarse las disciplinas y las técnicas de encierro, cuyos espacios no dejan de crecer, y de llevarse al paroxismo la lógica biopolítica, lo que se produce ante todo en esa transición tecnológica es una “deslocalización” generalizada del espacio en beneficio de la emergencia política decisiva del tiempo, de la velocidad, de la inmediatez, de la interactividad, de la gestión del llamado tiempo real.
El cambio fundamental en el
estatus del poder que se da en esta transición histórica es que concentra sus
fuerzas operativas más novedosas en la gestión integral del
tiempo, y se suma así a la gestión de los cuerpos la gestión más
fundamental de los afectos. Lo que se gestiona desde las diversas instancias
de poder de los nuevos medios no es ya simplemente el tiempo de trabajo, sino también y sobre todo
el del “ocio”, el de los deseos, las expectativas, los significados y las formas de vida en su conjunto. El poder, además, deja de ser en
primera instancia “discursivo” (el lenguaje como elemento fundamental de la dominación) y "arquitectónico" (el control y el diseño del espacio como brazo armado del poder) para fragmentarse en elementos semióticos y de control cada
vez más pequeños y heterogéneos, distribuirdos en micro-unidades (micro-chips y bits), y se hace de este modo informacional (Scott Lash, Crítica de la información).
